El Coupé E36 abrió en 1992 la etapa en la que el Serie 3 de dos puertas se convirtió tanto en un objeto de diseño como en un BMW para conductores. Capó largo, ventanillas sin marco, posición de conducción baja: todo lo que hoy le da su encanto ya estaba ahí. Pero como en todo E36, el primer filtro sigue siendo el estado de la carrocería, no el prestigio del emblema ni el color de la tapicería.
Las versiones más deseables giran en torno a los 323i, 325i, 328i y, por supuesto, el M3. Los cuatro cilindros pueden ser suficientes, pero es en los seis cilindros bien mantenidos donde el coupé conserva mejor su intensidad mecánica. A estas alturas de su vida, un buen ejemplar se reconoce sobre todo por la coherencia de su historial: refrigeración, óxido, tren de rodaje, transmisión y estanqueidad de las puertas.