Restilado en `2019`, el `R8 II 4S` entra en su fase final con un diseño más tenso, una puesta a punto todavía más incisiva y un aire casi crepuscular para el `V10` atmosférico. Frente a un Porsche 911, sigue jugando la carta del superdeportivo Audi utilizable, pero con prestaciones y gastos que no dejan espacio a la improvisación. Un buen `R8` facelift se elige por su historial real, no solo por su ficha técnica.
La gama gira sobre todo alrededor de los `V10 quattro`, `V10 performance quattro`, `V10 RWD` y, al final, `GT RWD`, siempre con `S tronic`. El `5.2 FSI V10` sigue siendo la pieza central, con un chasis muy preciso, un sistema de frenos caro y un coche a menudo usado más intensamente que un superdeportivo de colección. En esta fase, la frontera entre uso pasional y uso en circuito es aún más fina, sobre todo en las propulsión.
Hay que vigilar muy de cerca el `S tronic`, la estabilidad térmica del `V10`, el estado de frenos y neumáticos, las huellas de circuito, la coherencia de la geometría, los radiadores expuestos y cualquier modificación no documentada. Las versiones `RWD` exigen una lectura todavía más fina de neumáticos traseros, diferencial y estilo de conducción anterior. Un buen `R8 II` facelift debe ser irreprochable en temperatura, muy limpio al cambiar de marcha y totalmente claro sobre su pasado.