La segunda generación del Altima `1998-2002` sigue una receta muy directa para una berlina media estadounidense: un único motor `2.4` `KA24DE` y elección entre caja manual de `5` marchas o automática de `4`. Para quien la mantiene hoy, eso juega a favor porque la base mecánica es conocida y Nissan publicó documentación clara de mantenimiento y fluidos. En un Altima II conviene fijarse más en la calidad del ralentí, la temperatura de trabajo, el encendido y la suavidad de la caja que en el kilometraje por sí solo. El `KA24DE` puede volverse más áspero o calentarse si aceite, refrigeración o encendido se han ido dejando, mientras la automática suele avisar pronto con más demora o cambios menos limpios cuando el fluido envejece. También pesan suspensión delantera, frenos y desgaste de neumáticos, porque esta berlina puede disimular bastante bien el cansancio del chasis hasta que los síntomas ya son claros. Si se corrigen pronto, los costes siguen siendo razonables.