Lanzado en 2004 para relevar al vetusto Xsara, el Citroën C4 de primera generación dejó a todos con la boca abierta. Su as en la manga ergonómico fue el volante de cubo fijo (la parte central no giraba), asegurando que el airbag se desplegase siempre en su forma perfecta. Se desdobló en dos carrocerías con personalidades opuestas: una berlina de 5 puertas de corte familiar y un afilado Coupé de 3 puertas para robarle ventas al mismísimo Volkswagen Golf.
La oferta mecánica fue un escaparate de lo mejor de PSA por aquella época: desde el duro 1.6 16V hasta el picante 2.0 16V de 180 CV de los acabados VTS. En el terreno diésel, el omnipresente 1.6 HDi (90 y 110 CV) monopolizó las flotas, escoltado por el contundente 2.0 HDi de 138 CV.