El CX-9 II arranca desde `2016` con una lógica técnica muy distinta a la del primer CX-9. Mazda abandona el gran V6 atmosférico y pasa al `2.5` SKYACTIV-G turbo, junto con caja automática `6` y AWD según versión. La documentación oficial presenta este cambio como una mejora clara en eficiencia, peso y calidad percibida. Para un propietario actual eso es atractivo porque el segundo CX-9 se siente más moderno, más fino y más premium. En mantenimiento, sin embargo, implica más dependencia de la calidad del aceite, de la temperatura de trabajo, de la sobrealimentación y de la electrónica. Dentro de la familia Mazda CX-9, esta segunda generación no es un SUV grande para descuidar servicios, sino uno que solo conserva su buen nivel si turbo, batería, neumáticos y chasis se controlan con método.