El 296 Speciale no se juzga como una simple declinación más cara del GTB. Ferrari lo concibió como un coche de conductor, más ligero, más incisivo y más extremo en su gestión aerodinámica e híbrida. La alternativa más creíble sigue siendo un McLaren 765LT, pero el Ferrari añade una capa de complejidad eléctrica que el inglés no tiene.
Aquí la cuestión no es solo la fiabilidad bruta, sino el tipo de uso sufrido. Un Speciale puede tener muy pocos kilómetros y, sin embargo, haber conocido ya frenadas severas, neumáticos desgastados, ajustes de chasis modificados o una electrónica solicitada por varias jornadas de pista. El historial ideal debe, por tanto, contar cómo se ha utilizado el coche, no solo cuándo fue revisado.