Con el F32, BMW independizó por fin al coupé de la Serie 3 otorgándole una denominación propia. Silueta baja, postura de conducción perfecta y un genuino tacto BMW: el atractivo está ahí. Sin embargo, de segunda mano la estética cuenta muchísimo menos que el análisis del bloque motor. Un 428i o 435i precioso pero sin historial, vale menos que una versión discreta pero con mantenimientos impolutos.
Los primeros 420i y 428i equipados con N20/N26 imponen una revisión rigurosa de la cadena de distribución, fugas de aceite y circuito de refrigeración. Los seis cilindros N55, o bien los motores diésel meticulosamente cuidados, encajan mejor en la filosofía de coupé viajero. La caja ZF de 8 marchas es una enorme virtud de esta generación, siempre que no asumas que su aceite es perpetuo. Como es tradición en BMW, la dupla motor/historial es mucho más decisiva que el nivel de acabado.