Lanzado en 2015, el primer Creta apunta a mercados emergentes con una fórmula muy legible: gálibo compacto, posición de conducción alta y coste de uso contenido. Frente a un Renault Captur, apuesta menos por el estilo europeo que por la facilidad de uso y una gama mecánica adaptada tanto a los grandes rodadores como a los trayectos diarios. En ocasión suele ser una buena compra pragmática, a condición de identificar la versión correcta y leer el historial con rigor. Quien mire también un Hyundai Kona I o un Hyundai Tucson III encontrará la misma lógica de cribado motor-uso.