Lanzado en 2002 para jubilar al veterano Saxo, el Citroën C3 I supuso una revolución estilística para la marca de los chevrones. Su diseño abombado y afable, que homenajeaba tímidamente las curvas del legendario 2CV, lo consolidó como una alternativa más cálida y desenfadada frente a la deportividad del Peugeot 206 o la seriedad del Renault Clio II.
El gran baluarte de sus ventas fue el incombustible motor diésel 1.4 HDi de 68 CV (que llegó a los 92 CV en la variante de 16 válvulas), acompañado de los discretos pero silenciosos bloques gasolina 1.1i y 1.4i. El C3 también se atrevió a democratizar la tecnología en su segmento con la adopción del control de crucero y la controvertida caja manual pilotada SensoDrive.