La segunda generación transforma el Escalade en símbolo del SUV de lujo americano de principios de los 2000. Más imponente, mejor equipado y disponible en versión ESV alargada o en pick-up EXT, asume plenamente su vocación de vehículo de estatus. Su rival más evidente sigue siendo el Lincoln Navigator, aunque el Escalade acentúa aún más la demostración visual y se convierte en un producto Cadillac plenamente reconocible.
Según versión y año se puede encontrar el V8 5.3 o sobre todo el 6.0 LQ9, con una tracción integral más exigente de mantener y una suspensión Autoride que contribuye mucho al confort. No es un vehículo complicado sobre el papel, pero es un gran aparato que desgasta todo lo que somete a esfuerzo: caja 4L65-E, dirección, neumáticos, frenos y corrector de asiento. Un Escalade II bien mantenido sigue siendo sorprendentemente agradable y estable en ruta larga, mientras que un ejemplar descuidado se vuelve pesado, impreciso y costoso.