Llegado en 1996, unos meses después de la berlina Elantra II, el familiar retoma la base J2/RD con un verdadero maletero y una polivalencia familiar más convincente de lo que la imagen de marca Hyundai de la época hacía pensar. Frente a un Volkswagen Golf, juega sobre todo la carta del precio, del equipamiento y de una mecánica bastante legible. Hoy, como suele ocurrir en un compacto coreano de finales de los años 1990, el estado real cuenta mucho más que la ficha comercial. Quien mire también un Hyundai Elantra berlina o un Hyundai Accent Hatchback I de la misma época verá la misma prioridad: conservación antes que ficha.