En 2006, Ford se separó de Volkswagen para diseñar su propio Galaxy (en paralelo al S-MAX). Este monovolumen pretende ser más premium, ofreciendo un comportamiento en carretera claramente más dinámico, una cuidadosa insonorización y un habitáculo refinado con asientos traseros ocultables bajo el suelo.
El gran tamaño y peso del vehículo exigen mucho a la mecánica, particularmente a los embragues y volantes bimasa en los motores diésel TDCi. La caja automática de doble embrague PowerShift, si no se le cambia el aceite rigurosamente cada 60.000 km, puede presentar tirones y requerir un reemplazo muy costoso. En cuanto a las emisiones, el FAP y la válvula EGR se obstruyen rápidamente con un uso urbano intensivo.