Lanzado en el año 2000 para sustituir al Xantia, el primer Citroën C5 presenta las curvas típicas (y algo pesadas) de la época. Pero su verdadera revolución es invisible: introdujo la increíble suspensión Hydractive III, gestionada íntegramente por la electrónica de a bordo para alisar la carretera como ningún otro rival de su categoría, incluido el Peugeot 406.
Su gama fue muy amplia: desde el económico 1.6 HDi de 110 CV hasta el V6 3.0 gasolina (210 CV) o el 2.2 HDi biturbo (170 CV). En versión familiar (Break), se coronó como el rey de los viajes de vacaciones gracias a un volumen de maletero gigantesco y a una altura de carrocería siempre constante, independientemente de la carga.