En 2008 se produce un giro de 180°: Citroën abandona el portón trasero con luneta abombada y presenta un C5 de aspecto germánico muy favorecedor (fuertemente inspirado en un Peugeot 508 de la época) con una luneta trasera cóncava típicamente de la marca de los chevrones. Estaría disponible en formato berlina y en un magnífico familiar Tourer (y Cross Tourer). Es también el **último heredero** de la legendaria suspensión hidroneumática de Citroën (Hydractive III+ opcional).
Para hacer frente a los alemanes, la oferta de motores escaló hasta el majestuoso V6 3.0 HDi de 240 CV y el V6 3.0 gasolina de 211 CV. El incombustible 2.0 HDi (140, 163 y luego BlueHDi 150/180 EAT6) asumió el grueso de las ventas para los grandes devoradores de kilómetros.