Lanzado en 2005, el Citroën C1 de primera generación nació fruto de una fructífera colaboración a tres bandas con el Peugeot 107 y el Toyota Aygo. Fabricado en la planta checa de Kolín, destaca por sus cotas minúsculas (apenas 3,43 metros de largo), siendo un arma definitiva para la ciudad. Su mayor seña de identidad estética es un portón trasero compuesto íntegramente de cristal, muy chic para su época.
En mecánicas, va a lo esencial y práctico: el aclamadísimo tricilíndrico 1.0 gasolina de origen Toyota con 68 CV, y un testimonial diésel 1.4 HDi de 54 CV, apenas visto y reservado a flotas o enormes rodadores. El 1.0 gasolina se ha forjado una reputación mítica por su sonido ronco de 'molinillo', una fiabilidad pétrea y unos consumos reales que casi siempre bajan de los 5 l/100 km.