La tercera generación vuelve al turbo, esta vez con un 2.0 turbo de 272 CV, caja automática de 10 marchas y SH-AWD opcional. Es un SUV mucho más moderno y ambicioso que los anteriores, pero también más dependiente de la finura de la transmisión, la estabilidad del software y un mantenimiento disciplinado de fluidos.
En usado interesan el funcionamiento de la caja de 10, la respuesta del turbo, el servicio del diferencial y la salud de los asistentes. Un buen RDX III debe sentirse rápido y unido. Uno descuidado parece más viejo de lo que es.
El RDX III no es inquietante por naturaleza, pero tolera mal los aplazamientos. Conviene seguir el aceite 0W-20, la refrigeración y los fluidos de transmisión, adelantar el diferencial en montaña o remolque y revisar cualquier comportamiento anómalo de la caja o del sistema multimedia.