La segunda generacion abandona el turbo y pasa al V6 atmosferico 3.5 con caja automatica, haciendo del RDX un SUV mas calmado y convencional. Eso lo vuelve mas facil de entender, pero no libre de exigencias: correa, caja y mantenimiento de transmision siguen definiendo si merece la pena.
Un buen RDX II debe sentirse mas suave y relajado que el primero, con cambios limpios y sin sensacion de esfuerzo. Los coches malos suelen esconder historiales vagos, correa atrasada y fluidos estirados porque el SUV seguia funcionando mas o menos bien.