La cuarta generación ya es un SUV mucho más moderno, con el V6 3.5 como base y el 3.0 turbo del Type S arriba, ambos ligados a la automática de 10 marchas y al SH-AWD en las versiones más interesantes. Se siente más prémium y sofisticado, pero también menos indulgente que los MDX viejos cuando se relaja el mantenimiento.
Las comprobaciones clave son el funcionamiento de la caja de 10, el servicio del diferencial, la salud de la refrigeración y la coherencia electrónica. Un buen MDX IV debe sentirse caro en el buen sentido; uno descuidado envejece muy deprisa por dudas de transmisión, errores de software y desgaste de suspensión.
Para comprar hay que leer tanto las facturas como el propio coche. Una unidad cuidada cambia sin vacilaciones, mantiene el SH-AWD silencioso y no muestra anomalías en los asistentes. Las mal atendidas delatan calibraciones alteradas, líquidos aplazados, frenos costosos o una caja menos transparente en ciudad.