El 323 S V (BA) diésel de `1996-1998` pertenece a una etapa en la que Mazda todavía ofrecía berlinas compactas muy simples en su planteamiento técnico. Con su `2.0 D`, encaja claramente en la lógica de los diésel antiguos: poca complejidad, pero mucha dependencia del mantenimiento base. Para un propietario actual, eso puede ser una gran virtud si se entiende bien. Dentro de la familia Mazda 323, esta berlina puede envejecer muy bien cuando arranque en frío, precalentamiento, estanqueidad de la inyección, distribución, refrigeración y tren delantero se han seguido con disciplina. Lo que más castiga hoy no es un fallo de diseño aislado, sino el retraso acumulado en pequeños trabajos de puesta al día.