El Virage Saloon de 1995 marca el final absoluto del gran coupé Virage estándar, justo antes de que la familia diera paso a unos Aston Martin más modernizados. Su diseño de hombros muy anchos, su motor V8 atmosférico y su ambiente interior tan británico siguen hablando de una marca artesanal, muy alejada de la racionalización que traería más tarde el DB7. Es un coche con carácter, no un deportivo fluido en el sentido contemporáneo.
El Virage exige cierta indulgencia en cuanto a la ergonomía y a las reacciones dinámicas, pero lo compensa con una verdadera densidad mecánica y una presencia que los Aston Martin más populares no siempre tienen. Los últimos vehículos se benefician de los progresos acumulados a lo largo de su trayectoria, con una presentación más seria y un nivel de puesta a punto superior al de los primeros ejemplares lanzados a finales de los años ochenta.