El Virage II tuvo una vida efímera, pero ocupa un lugar muy especial en la gama Aston Martin. Posicionado entre el DB9 y el DBS, hereda el V12 de 5,9 litros con un enfoque más rotundo que un GT clásico, sin buscar la imagen de un superdeportivo. Es precisamente este equilibrio lo que hoy lo hace tan interesante: más exclusivo que un DB9, a menudo menos ostentoso que un DBS, pero enormemente coherente en carretera.
El Virage prefiere la densidad mecánica, la fluidez de su V12 y la facilidad para viajar rápido antes que el nerviosismo puro. Su chasis transmite confianza, los acabados interiores son muy cuidados y el cambio Touchtronic II encaja a la perfección con una conducción progresiva. En cambio, no perdona un mantenimiento superficial, ya que los consumibles son costosos y algunos componentes concretos de carrocería o habitáculo no se consiguen tan fácilmente como en un DB9 de mayor difusión.