A finales de 2018, el Jeep Renegade recibe un lavado de cara estético, pero sobre todo una importante renovación de su gama de motores. El objetivo era corregir los defectos de juventud de la fase 1 y modernizar la oferta con la llegada gradual de la hibridación (4xe).
Los antiguos y problemáticos bloques de gasolina han sido sustituidos por la nueva familia de motores GSE (FireFly) en 1.0L (3 cilindros) y 1.3L (4 cilindros). Estos motores suponen un auténtico salto adelante en términos de fiabilidad y eliminan los problemas de consumo excesivo de aceite. Las versiones híbridas enchufables (4xe) son atractivas, pero requieren un estricto seguimiento del sistema de alto voltaje en la red Jeep. Los diésel MultiJet siguen siendo relevantes para su uso en autopista, aunque se ven penalizados por un sistema AdBlue a veces caprichoso (sensores, bomba).