Renovado en 2017, el XTS adopta una parte delantera más tensa y una presentación ligeramente más contemporánea, pero conserva su misión principal: transportar a sus ocupantes con gran comodidad sin renunciar al estilo Cadillac. Es un coche de recta, de silencio y de asientos anchos, más cercano en espíritu a un Lexus ES muy bien equipado que a una berlina europea de chasis demostrativo.
Las mecánicas evolucionan poco en esta fase, siguiendo centradas en el V6 3.6 LFX, el turbo 2.0 LTG en ciertas versiones y el raro V-Sport biturbo LF3 para quienes quieren más empuje. El facelift aprovecha sobre todo una presentación más acabada y un equipamiento más rico. El asunto hoy en día no es la ficha técnica sino el estado del tren rodante, de la electrónica CUE y de la suspensión pilotada.
Antes de la compra hay que circular el tiempo suficiente para juzgar la caja en caliente, escuchar el tren delantero en calzada irregular y verificar que todos los equipos de confort funcionan sin mensajes de error. El XTS facelift puede seguir siendo un excelente gran turismo con un presupuesto moderado, pero un coche poco mantenido se vuelve rápidamente costoso de poner al día por culpa de sus amortiguadores pilotados, sus módulos electrónicos y la masa global del modelo.