El facelift de 2020 refina la parte delantera, moderniza la ergonomía y pone al XT5 al nivel visual esperado en el segmento, sin modificar su filosofía de fondo. Cadillac sigue priorizando el confort, el filtrado y la conducción relajada por encima de cualquier búsqueda de deportividad. En ese espíritu, se compara más naturalmente con un Lexus RX que con un SUV muy firme. El verdadero avance viene sobre todo del habitáculo mejor presentado y de la oferta mecánica actualizada.
Según los mercados, el facelift se apoya principalmente en el turbo 2.0 LSY de 235 CV y en el V6 3.6 LGX de 310 CV, ahora asociados a la caja automática de 9 velocidades. El primero aporta una fiscalidad más favorable y una respuesta correcta; el segundo conserva la suavidad que buscan los habituales de los grandes motores americanos. La caja de 9 velocidades mejora el refinamiento en autopista, siempre que esté bien calibrada y mantenida con rigor.
Un buen XT5 facelift se detecta rápidamente: funcionamiento fluido del sistema de información y entretenimiento, ausencia de vibración de la tracción integral, frenada estable y amortiguación homogénea. En los coches poco seguidos, los defectos aparecen más bien como sacudidas de la caja, fallos de pantalla o desgaste irregular de los neumáticos. La compra merece por tanto una prueba larga, con maniobras cerradas, reaceleraciones y control completo de la electrónica embarcada.