Con la generación EL12, el DeVille alcanza una especie de punto de perfección antes de que Cadillac cambie radicalmente su lenguaje de diseño y su estrategia. Todo lo que los aficionados a las grandes americanas aprecian está aquí: asientos generosos, V8 Northstar, silencio de funcionamiento y equipamiento abundante. Su universo sigue siendo el de un Mercedes Clase S de gran turismo, pero con una filosofía mucho más relajada y menos rigurosa en la sensación de conducción.
Las variantes DHS y DTS se diferencian en presentación y orientación, sin alterar el fondo del asunto: el V8 4.6 Northstar exige una vigilancia real del sistema de refrigeración, de la caja 4T80-E y de la suspensión pilotada. En estos grandes Cadillac de tracción delantera, el confort excepcional puede enmascarar gastos mecánicos importantes que se acercan. Un DeVille EL12 debe tratarse como un automóvil de lujo que envejece, no como una simple berlina antigua y barata.