El facelift de 2019 reenfoca el CT6 hacia clientes que quieren una berlina grande más expresiva sin renunciar al fondo dinámico de la plataforma Omega. Frente a un Mercedes Clase S, la Cadillac resulta más escasa, más baja en sensaciones y más especial en carácter. La parte delantera gana presencia, el interior avanza y las versiones mejor equipadas subrayan aún más la tecnología y la asistencia al conductor.
Bajo el capó predomina el V6 3.6 LGX con tracción total, mientras los primeros coches norteamericanos llevaron el V8 4.2 biturbo Blackwing LTA y algunos mercados reciben el 2.0T LSY. El cambio más decisivo para el uso real es la nueva caja automática de 10 velocidades, Super Cruise en determinadas configuraciones, dirección trasera activa y amortiguación adaptativa Magnetic Ride Control. Cuando todo funciona bien, este CT6 ofrece una precisión sorprendente para su tamaño.
Al comprar hay que leer un CT6 Facelift como un sistema completo: motor, caja de 10 velocidades, electrónica, cámara trasera y chasis activo deben estar bien a la vez. Un buen CT6 Facelift es silencioso, muy estable en autopista y limpio en los cambios de trayectoria. Una imagen de marcha atrás intermitente, pantallas lentas, cambios secos o una suspensión poco homogénea señalan rápidamente un coche caro de poner a punto, especialmente en los 3.6 AWD bien equipados y en los rarísimos Blackwing.